La casa se sitúa en la urbanización “Pinares de San Antón” en Málaga.

El programa es para una familia tipo.

La parcela presenta una morfología con forma de triangulo bordeada al norte y al sur por la Calle Pinea. Está rodeada de pinos carrasco, arboles típicos de la zona. La topografía es escarpada, el desnivel entre las dos calles es de 12 metros. La aplicación de las normativas condiciona fuertemente el proyecto.

Desde la cota donde se puede asentar la casa no es posible tener vistas al mar. En este nivel el sol tiene dificultades para entrar por la densidad de la copa de los árboles. Como consecuencia de estas características y calculando donde podría llegar libremente el sol, decido poner la piscina en la cubierta, el salón un nivel más abajo, los dormitorios en el nivel de terreno natural y el garaje sobre la calle Pinea baja elevándolo hasta los 5 m. permitido en la normativa.

Esta ecuación de niveles determina relaciones funcionales.

El cuerpo escalera-ascensor es una máquina sensorial, un espacio – tiempo comprimido desde la cota del garaje hasta el nivel de la cubierta.

En este recorrido las visuales son múltiples. El carácter de transición que tiene la pieza de la escalera en la vivienda unifamiliar es en este proyecto un objeto de producción de energía solar, de imágenes poéticas por las características del paisaje y de “intermediación” entre lo privado y lo público de la vivienda.

La máquina sensorial forma una parte indivisible de la vivienda concentrando la transición en un punto muy potente. Los otros espacios de transición como vestíbulo y pasillo a dormitorios incorporan el paisaje lejano y cercano.

La liviandad de las carpinterías y estructura confronta con la pesadez de la piedra construyendo imágenes donde el peso y la delgadez se entremezclan con las densas sombras de los pinos creando un ambiente sensorial.

En las estancias los límites entre el exterior e interior se intentan disolver para que el paisaje sea casa y la casa sea paisaje. El puente de acceso, el balcón y la terraza del salón que da al pequeño jardín esquina nos habla de los domestico, de lo pequeño, de nuestro segundo territorio que es la casa como dice Gastón Bachelard en su libro “La poética del espacio”.
Desde la piscina el mar se celebra. Ya nada impide la visual, la mirada juega con la ciudad, los pinares, los vacíos disponibles y sagrados del territorio, el sol, la luna, el cielo, el agua, nada separado, todo unido, como la teoría y la práctica.